No tengo nada que objetar a lo que propone Alfredo Álamo, pero mi opción ha sido distinta en el momento de solucionar el problema de la saturación de las librerías. No compro (salvo para regalar) más libros; y satisfago mis necesidades de lectura tirando de los que tengo sin leer y de los que saco de la biblioteca pública, que en mi ciudad funciona de manera ejemplar.
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